Tenés el placard lleno, pero no tenés qué ponerte. Gastás plata en ropa, pero no sabés qué hacer con ella. Sabés que los colores vibrantes te encantan, pero seguís eligiendo el negro "para no arriesgarte". Tu imagen importa — para tu trabajo, para tu marca, para cómo te sentís cada mañana — y sin embargo nadie te enseñó a manejarla de verdad.